viernes, 30 de octubre de 2015

Historia de la cita más desastrosa de mis últimos años

¡Hola!

Hoy he sentido la imperiosa necesidad de contaros cuán desastrosa ha sido mi última cita. Tiene bastante que ver con el post anterior, ya que es un chico que conocí en una famosa web de estas de citas. Os voy a contar la historia de cómo algo que prometía se va a la mierda desde el minuto uno.

Empiezo desde el principio. Conocí a este chico hace unas semanas por esta famosa web de citas (de cuyo nombre prefiero ni acordarme) y después de varios días mandándonos mensajes me pidió el whatsapp. Parecía simpático, era de aquí cerca y no tenía mala pinta, así que... ¿qué podía ir mal en conocerlo? Después de un par de semanas más hablando por whatsapp hemos dicidido quedar, parecía que la cosa iba bien. ¡Qué ilu!

Quedamos ayer en que viniera a recogerme a mi casa y, como no es de aquí, se perdió algo por el camino y decidió llamarme para decirme que bajara porque no sabía si había dado con mi casa. Y primer fallo para él... ¿Os ha pasado alguna vez de imaginar la voz de alguien y que sea completamente lo contrario?Sí, de esos que parece que el autocorrector de whatsapp habla por ellos y que necesitarían un autocorrector en su cerebro también para cuando hablan no cagarla. Empezamos bien...

Decido no desanimarme, no es algo demasiado influyente. Y bajo para montarme en el coche y ayudarlo a encontrar aparcamiento. ¿Quieres saber cómo es un tío? Mira su coche y te lo dirá todo: marca, modelo, cómo lo cuida. Coche de marca bastante conocida, de estos que gritan me las voy dando por la vida de que tengo dinero, limpio e impoluto y con música rapera española de esta chunga sonando. Ay dios, ¿dónde coño te has metido Azu?

Entro en el coche (que al menos huele bien y está limpio) y le echo el primer vistazo al sujeto. Parece que va bien vestido, se asemeja mucho al de las fotos y en un principio parece lo prometido. ¡Punto positivo! Ah no, espera, que empieza a hablar de nuevo... y a abrir la boca. Creo que entendí instantáneamente por qué no abre la boca en las fotos.

Total, que después de varias maniobras bastante innecesarias (y algo torpes) para sacar el coche, conseguimos empezar a buscar aparcamiento y aparcarlo con bastante facilidad (para ser Cádiz, eso es un logro). Y viene el momento clave: lo veo al lado mía cuando sale del coche. Os pongo en situación: según esta web, mide 1,70 cm (yo mido 1,54 cm así que debería verlo alto), tiene los ojos verdes y es musculoso. ¿Qué me encuentro? Un tío que con mis botines de tacón de 7 cm es casi igual de alto que yo; que los ojos de verdes poco, como mucho miel; y que de musculoso tiene lo mismo que el Capitán América antes de meterse el chute de suero (entedamos que soy andaluza y exagero, no estaba tan enclencle pero de musculoso... lo justo).

Y si con eso, lo del coche y lo de los dientes no fuera suficiente... Me viene vestido con pantalones por la mitad del culo y camiseta, sudadera y tenis de DC. ¿Lo mejor de todo? Los pendientitos de diamantes a lo CR7 y un anillo de un sello de oro. Señoras y señores... Os presento a lo que viene llamándose un angango o un cani a lo old school.

Decido no ser capulla y darle una oportunidad, lo mismo consigo cogerle el punto en algún momento (o que cambie un poco). Decidimos ir a mi cafetería favorita a tomar un café, ¿hay algo más placentero que tomar un café con alguien? Ah, que encima cuando llegamos... No le gusta el café. No señoras y señores, no le gustan ni el café ni el té. -10 puntos para Griffindor.

La conversación del café se centra básicamente en mí, en hablar sobre mí porque el habla poco y lo poco que habla tiene de interesante lo mismito que una mosca revoloteando cuando estudias: lo suficiente para distraerte. Nos echan del café (cerraban, no por nada malo malpensados) y decide dar un paseo por Cádiz. Lo llevo por las calles más típicas para que conozca algo la ciudad y, después de un rato de caminata, le digo que dónde más quiere ir (el centro de Cádiz es bastante pequeño, qué vamos a hacerle). Y hace algo bien... ¿Te apetece unas cervecitas?

Vamos a uno de mis bares favoritos de aquí, que nos pilla cerca y tiene bastante variedad de birras (porque, por lo que me ha dicho, es todo un amante de la cerveza). Me pido una caña (para no abusar porque invita él) y me pregunta si he probado una cerveza con un nombre así bastante raro que no puedo recordar (¿algo de vintage puede ser?). Pregunta si la tienen y le dicen que sí. ¡Mira, si al final me va a descubrir cosas nuevas y todo!

El chasco viene cuando pone la cerveza en la mesa... Ni vintage, ni cerveza extranjera guachi piruli, ni nada de nada... Una Estrella de Galicia 1907 (vamos, la reserva de la marca). ¿Os he dicho alguna vez que la Estrella de Galicia me gusta y me la bebo hasta que deja de costar un pavo? Sí, ese es el amor y el aprecio que le tengo. Me empieza a hablar de la cerveza sin probarla, que si está riquísima, que si sube un montón y más incluso que cervezas con más graduación (eso lo veo complicado...), que me va a encantar... Decido no tener maldad, echarla en la copa y probarla, ¡lo mismo hasta me sorprende! Y me quedo como estaba, la cerveza más normalita así un poco tostada que he probado en la vida. Al menos agradezco no haberme gastado los tres pavos que le han clavado por ella.

Y el chico empieza a hablar sobre él. Que si partidas de juegos de mesa con sus colegas, que si gastarse un dineral cada finde en salir, que si copas, que si futbol, que si ropa de marca, que si el no es como los demás tios... Sí, lo que viene siendo un tío estandar con sus aficiones estandar, su grupo de colegas que van adosados a él y su discurso de yo no te voy a hacer lo que los demas. -1000 puntos para Griffindor.

Parece que la cerveza sube y me lo empiezo a pasar mejor, incluso le vacilo durante un rato a ver si se da cuenta (que me da que no) y empiezo a hablarle de mis aficiones. Al parecer soy la tía con más aficiones que conoce (¿por qué no me sorprende?) y decide invitarme a otra cerveza para que le cuente más. Esta vez elijo yo, y me pido una de mis favoritas: una media pinta de O'Hara's roja. Cerveza tostada, espuma con cuerpo de esas que se quedan en el bigotillo, sabor algo dulce al principio pero amargo al pasar por la garganta. Una delicia señores. Al menos para mí, porque él la prueba y... ¿a que no sabéis qué? Le parece que está amarga... AMARGA. A ver muchacho, ¿tú qué parte del concepto cerveza no has pillado?¿Puede alguien quitarle el título de maestro cervecero que pretende tener y quitarle otros 100 puntos a Griffindor?

Sinceramente para mí, la cita se había acabado. Apuro como puedo la cerveza para irme e incluso le digo que voy a hablar con un par de amigos para ver si se apuntan con afan de disuadirlo, aunque mis amigos no dan señales de vida (señores, 10 puntos menos para vuestras casas por negación de auxilio). Al final volvemos a dar un paseo y llegamos hasta su coche de nuevo.

Ya voy algo pedo, así que me da igual lo que me diga. Yo quiero volverme a casa y no volver a hablarte hasta mañana, que lo mismo se me ha pasado el trauma. Insiste, una vez montados en el coche, en que vayamos a un sitio más tranquilo y relajado para charlar... Coche + sitio tranquilo = pinchito. Todos lo sabemos señores, es una verdad universal. Mi mente entra en pánico y decido contarle que mañana tengo médico, dios sabe para qué, pero tengo médico y encima la mar de temprano tú... Y son casi las once y media... ¡Me tengo que ir o no duermo! Y ahí lo dejo, después de manosearme la nariz en plan romántico un par de veces y con cara de perrito pochón pensando para qué coño me meto yo en estos percales.

Así que ahí tenéis la historia de mi cita fatídica, lo mismo pensáis que no es para tanto pero joder, para una cita que tengo después de mil ha sido un puto desastre. Al menos me ha dado para escribiros una entrada y que os echéis (espero) unas risas =)


¡Gracias por leerme!

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